Afilando los cuchillos

Inédito

Afilando los cuchillos

 

En mi época, chapábamos. (En la época de mi primera  juventud, quiero decir. Deploro esta expresión desoladora que, además, me parece inexacta, debido a que he tenido varias épocas, y me parece que ahora mismo estoy teniendo una.)

Chapar suponía besarse, acariciarse y demás, sin llegar al final, que era y sigue siendo, en este país sudamericano, coger. (Por eso nos sonreímos cuando ustedes, amigos peninsulares, se vienen a la Argentina cogiendo todo),  Esta última expresión ha perdurado y creo que ya está instituida, tal vez porque no está desprovista de sentido, incluso la iglesia la ha avalado: “Yo te tomo por esposo, bla, bla, bla” Las acepciones de coger hablan por sí mismas:  atrapar, pillar,  pescar, cazar, apresar, aprehender, capturar, adquirir, apoderarse, asir, tomar, agarrar, aferrar, enganchar, elegir; recoger, cobrar, cosechar, reunir, juntar; pellizcar, meter mano, echar la zarpa, echar el guante…Y más.

Dicen que el que busca, encuentra, pero,  en nombre de Menéndez Pelayo, ¿qué sentido tiene chapar? Bueno, pensemos: Sólo puede provenir de chapa, ¿verdad? ¿Y qué pasa con las chapas? Que las chapas se calientan, ¿saben? Al menos se calientan mucho más que la losa y las tejas. Sí. Y más aún en la canícula de la adolescencia.  Sin duda fue una época de revolución  hormonal e involución idiomática, que por supuesto, no terminó ahí. La involución, claro.

Después, llegó la época de curtir, expresión con variadas e interesantes acepciones, como adobar, aderezar, preparar, madurar;  familiarizar, aguerrir, insensibilizar, acostumbrar, adiestrar, ejercitar; endurecer, embadurnar, enlodar, ensuciar, manchar…

Ahora, mis púberes sobrinos transan, y debo confesar que su cuarentona pero muy bien conservada tía,  también. (¿Se entiende que chapar, curtir y transar son preámbulos de coger, verdad? ¿Y que mis sobrinos, por el momento,  sólo transan, y la tía, en la primera cita, también?

En fin, sabemos que transar tiene como acepciones, ceder, tolerar, consentir; convenir, pactar, negociar, y es  obvio que esta expresión  define una época de materialismo –no precisamente dialéctico- que remite al amor como a una transacción comercial en la que nadie da algo por nada, o a un consentimiento que a mí me suena más a  alienación,  enajenamiento y  extrañamiento de uno mismo que a romance.

Lo irónico de todo esto es que en la época en que yo chapaba, mi abuela me preguntaba: -¿Y, Gabita, estás afilando con alguien?- Y yo me reía de cómo hablaba la vieja anticuada.

Afilar, etimológicamente,   proviene de filo, que significa amor.

Ya ven cómo ha degenerado la calidad y el esteticismo de los materiales de nuestro idioma: Mientras mi abuela afilaba entre mármoles, fuentes  y columnas dóricas o jónicas, yo chapaba en  el rancho.

Chapar en la promiscuidad del rancherío, curtir como si de un pedazo de carne se tratara lo que somos y lo que queremos del otro,  transar, que puede llegar a implicar que una de las partes quiera cerrar la venta lo más pronto posible para ir a coger mientras el otro espera obtener un lucro… Mientras lo único que afilamos son los cuchillos para seguir destripando el sentido de lo que decimos y de lo que somos.